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La novela más rompedora y “reaccionaria”.
Marqués de Tamarón
El Rompimiento de Gloria -novela de amor para algunos, o de guerra y aventuras, o incluso novela de ideas para otros- es tal vez todo eso y algo más, aunque menos explicable, como la irrupción de la luz a través de las nubes que se derrama por el paisaje de montañas y campos de batalla. Como un rompimiento de gloria.
»A partir de entonces aceché con cuidado aquellas humildes hierofanías y vi
varias durante los meses siguientes. Una tarde se nos apareció un toro blanco,
como Júpiter, muy distinto del toro de lidia pero tan sagrado o más. Otra vez,
ya entrado el invierno, se cayó de una roca un carámbano grande, con el sol de
la media mañana, y estalló en el suelo con ruido de cristal y chispazos de
hielo. También comprendí que el rompimiento de gloria después de aquella
tormenta de verano al principio de nuestra amistad había sido una
hierofanía.
»En cambio, sigo todavía sin saber si fue un portento —y de qué—
la aparición de Adam. Lo conocí una tarde, al pasarme por casa de los hermanos
para devolverles unos libros. Me encontré con un desconocido que charlaba con
Elena en alemán. Era un hombre de unos treinta años, guapo y bien trajeado. Lo
detesté en el acto, y más cuando la muchacha nos presentó ceremoniosamente:
»—El Comandante Príncipe de Werneck acaba de llegar a Madrid destinado
a la Embajada de Alemania; es agregado militar adjunto y no conoce a nadie...
Saturnino Prieto es muy amigo nuestro y además es un helenista notable.
»—¿Elenista con hache o sin hache?»
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